jueves, 29 de diciembre de 2016

VIDAS TRUNCADAS (Relatos costumbristas de un español en París en los años 1960)



Prólogo
El presente artículo de “Vidas Truncadas” tiene como única finalidad; el de dar un fuerte y certero aldabonazo y señal de alarma; a la confiada juventud, descarriada en los vicios, en los placeres, poniéndoles como viejo ejemplo, serios y profundos pasajes dramáticos, que sirven de freno y consejo para su conversión.
 Así lo desea de todo corazón
                                                                   El Autor
                                               
                                 “VIDAS TRUNCADAS”
El joven que al terminar su carrera, pletórico de optimismo, rebosante de proyectos é ilusiones, ve, de momento con súbito espanto, al alzarse la amenaza inesperada de la muerte; tiene que renunciar al amor para ingresar en un Sanatorio.
Cruel y mortal dolencia, así le obliga su vida desordenada, licenciosa, vida de noche, de cabaret, de desenfreno, que la actual vida moderna, en la constante sucesión de los días; trae consigo, han sido los principalísimos factores, de llevarle cogido de la mano al borde de la fosa.
Cuando en íntima curiosidad  se contempla ante el espejo, y este le refleja la fiel y exacta verdad; entonces observa y medita, se da perfecta cuenta de su triste realidad ve su aspecto cadavérico, sus ojos hundidos, sus pómulos salientes, la nariz afilada, las orejas blancas y transparentes debido a la falta de hemoglobina y glóbulos rojos en su sangre.
 Ante este terrible drama, que se juega; nada menos, que ¡la defensa de su vida! Jura y hace fiel promesa de su enmienda, para el día que el cree cercano que se restablezca, triste ilusión, ¡es ya demasiado tarde!
Y así, con la suave esperanza de su curación, en un claro día de otoño, y en aquella habitación ventilada del Sanatorio, en placidez serena, terminan sus días aquella vida truncada por el vicio y la lujuria, llevándose a la tumba sus proyectos é ilusiones, que él pensaba realizar para un futuro próximo, cayendo todo por tierra como castillo de naipes.
La tuberculosis
Juventud ser más prudentes, vigilad vuestra salud, huir del vicio, pensad que a vuestra edad, es la de las locuras, de las irreflexiones y también ¡jamás olvidarlo! En la que mejor prende la tuberculosis.
Jóvenes ser más amantes de la Naturaleza reflexionad bien: si cada minuto que pasa no ha de volver ¿por qué a vuestra edad malgastáis el tiempo, permaneciendo horas y horas apoltronados en las sillas del café envueltos en una atmósfera viciada y nociva, mientras que allá, lejos, en el campo, sobre el horizonte, cuelga la tarde sus tapices escarlata?
Por otra parte; la madre que ve a su hija en el lecho, en plena juventud, y que ésta en su marcada euforia os habla de amor, de matrimonio, quizá de … maternidad, mientras el médico que la asiste observa el acelerado ritmo de su pulso, y unas casi desapercibidas décimas de fiebre, unido esto a un ligerísimo sudor nocturno, y a una delgadez progresiva, se da perfecta cuenta el médico, de que los días de la enferma están contados, dándole la sensación de que tiene entre sus manos, a un muñeco que se desarticula, que se rompe a veces el médico reniega de su ciencia que no puede salvar. ¡Sombrío realismo!
 La enferma desconoce, que en sus pulmones corroídos por el bacilo de Koch anida la tuberculosis. Su madre más sagaz, llorando a escondidas adivinando su triste fin, piensa, recela, nota en el rostro de su hija, las violáceas ojeras; sus pechos lacios, la mirada vaga, escapándose de entre sus labios, un hilito de casi imperceptible sangre, y una tosecilla débil y apagada que la mayoría de las veces trata de ocultar.
Y así, en completa lucidez, cuando la enferma cree dispar las negruras de su mundo interior; incorporada en su mullido lecho, y con la taza en la mano ó quizá contestando a los que le preguntan de qué si está mejor, sin darse cuenta, sin un estremecimiento, sin una contracción, y con los ojos entreabiertos, y la mirada fija, da el paso definitivo y trágico a la eternidad.
                                                  ¡Bella flor de lirio
                                   
                                                    Del búcaro fue cortada!

La muerte,al hacernos su inevitable y fatal visita,...
 
Así lo ha querido Nuestra Señora de la Muerte, llevándose entre sus garras, una de tantas vidas, que con su guadaña siega en flor. La muerte, al hacernos su inevitable y fatal visita, viene silenciosa, muda, tranquila, no la apercibimos, no nos damos cuenta, viene con zapatillas para que no oigamos sus pasos a veces espera quieta, inmóvil a los pies de la cama acurrucada en su sudario blanco, el momento del estado de coma, en que nos quedamos sumidos, dando sensación, al parecer de entregarnos a un profundo y dilatado sueño.
En ese momento, la mandíbula se relaja, la boca se entreabre, la vista queda fija, ya no hay reflejos, nuestro cerebro quedó vacío sin ideas, han huido los pensamientos como búhos asustados en un huertecito de Cartujo viejo, por el tañido de una campana, muda durante siglos.
Vosotras jóvenes que en vuestros tiernos años, no tenéis todavía experiencia de la vida, ser cometidas y honestas pero … ¡esas salas de fiesta y de dancing! Incubadoras de la inmoralidad, provocadoras del pecado, distanciadas de la virtud, escuela de frivolidad, las que alternáis en ese ambiente, bajo un marco de derroche de luz, sonido, color y una estela de perfume persistente, entre fingidas sonrisas y sorbos de champán, soléis acabar, la mayoría, vuestros últimos días en el Sanatorio ó en el Prostíbulo.
Cómo Conquense que soy, y haciendo fiel honor a mi hospitalaria tierra, mis consejos no pueden ser más nobles y sinceros, para que podáis fortalecer vuestros propios muros débiles, y templarnos cuan fino acero de una espada Toledana.
Y así terminan éstas vidas que yo titulo Truncadas, cortadas prematuramente, sin haber podido recoger, el fruto de la eterna y bella juventud.
 ¡Han pasado los años! Entre alegrías, sorpresas, y sinsabores, y cuando pensamos que nuestras ilusiones han sido arrastradas por huracanado viento hacia la edad madura y senil, y cuando en la cabeza, van echando ceniza sobre nuestros cabellos, y el hombre que al llegar a su vejez, agotado por su trabajo, desamparado a veces, incluso por la misma sociedad, es lógico y natural que sienta profundísimos deseos de evadirse a grandes zancadas de este mundo que tan ingrato le fue.
El viejo que cargado de años a su espalda, lleno de ingratitudes (pues no suelen estar alfombrados los caminos de la vida) y saturados de desengaños, que el mismo comprobó a través de su larga vida, no es de extrañar, que si es rico tienen prisa de que muera, para heredar; y si es pobre les molesta y pesa la carga, encontrándose solo, sin esperanzas, sus ilusiones ya marchitas por los dolores y enfermedades, mire y contemple la tumba, con deseo vivísimo y creciente de caer en ella; la única que con fraternal amor, le redime y le acoge.

 MEDITACIÓN
Permitidme que haya hecho un canto y elogio a la muerte, aunque nadie la queremos, pero es justa y equitativa, humana y sencilla, a nadie engaña, igual penetra en la más humilde y apartada cabaña; que asalta sin protocolo la alcoba regia del Soberano. A todos democratiza, a todos iguala y a nadie perdona pero todos tenemos un algo invisible é inmortal, que es el alma, y el espíritu se eleva ¡te vence!.
En el fugaz, breve y transitorio paso de nuestra vida por el mundo, debemos tener la suficiente resignación cristiana, y la completa satisfacción de habernos portado todo lo mejor posible con nuestros semejantes, socorriendo al pobre que llamó a vuestra puerta, no malgastando en lujos ni caprichos superfluos, mientras otros carecen de los indispensable para la vida, y procurando hacer todos buenas obras, para que así de ésta forma seamos dignos acreedores de la bondad infinita y misericordiosa de nuestro divino Dios.
                                                                             Pablo Segura Badía
París, febrero de 1964
NOTA.-
 Primero publicamos LA REBOTICA (en tres "trozos"),luego LA LUNA HABLA y ahora VIDAS TRUNCADAS, como siempre, en vuestra Revista NOVA DIMENSIÒ-Valencia- España-.

LA LUNA HABLA (Relatos costumbristas de la España de los años 1960)


 Nuestro amigo Fran nos brinda una serie de escritos realizados por su padre, Don Pablo, donde relata de una manera sencilla pero profunda la historia cotidiana y costumbrista de la España de los años mil novecientos sesenta. Unos escritos manuscritos realizados con una letra impecable que con gran cariño (no sin motivo) conserva y que ha querido dar a conocer a través de nuestra Agencia Nuevas Dimensiones como un homenaje a aquellos hombres sencillos y luchadores de una España precaria donde como a tantos otros  le toco vivir. Escritos realizados en Paris, donde tuvo que emigrar, pero desde siempre evoca a "su" España.
Gracias Fran por este bello gesto del que estamos seguros tu padre estará orgulloso pues nos cuenta que  siempre quiso que se publicarasen e incluso llego a enviarlos a los diarios ABC , YA, y Pueblo, en cartas certificadas, que nunca tuvieron respuesta.
Primero publicamos LA REBOTICA (en tres "trozos") y ahora LA LUNA HABLA
Prólogo
La originalidad de mi presente artículo, con ribetes literarios, titulado “La Luna habla” ha surgido, saliendo a la luz y teniendo como fondo, una fina ironía, en completo marinaje con una suave y sutil sátira, contra aquellos que, a mi juicio, les abriga la ilusa fantasía de llegar a lo desconocido.
No me tachéis como enemigo del progreso, ni de retrógrado, mas tampoco creyente de lo que un día predijo Julio Verne con sus fantasmagóricas aventuras.
Yo creo, antes bien, que esto es materia velada, que se quiere saber y profundizar, sin llegar a comprender que es la obra exclusiva del Sumo Hacedor; incapaces los hombres de descifrar y descubrir sus misterios.
                                                               El autor
                                             LA LUNA HABLA
Confieso que soy humilde y modesta; por ser lo no me ruborizo al decir, que si brillo, es por la luz prestada por mi compañero Febo, y que comparada con éste, sé que solo soy un triste farolillo de verbena.

¡Pero qué ingenuos que sois los hombres, que tratáis de conocer mis secretos! Sabéis que rijo con mis des destellos el flujo y reflujo de las mareas en los Océanos, y que, aunque mi vida la hago de noche, soy honesta, púdica, y honrada. Aunque femenina, no soy coqueta, y como discreta, me retiro con las primeras luces del alba.
Mantengo mi cortesía en los eclipses, cediendo el paso a otros astros que, por, momentos breves, en mortecina luz me dejan velada. Soy antorcha y guía nocturna de los navegantes. Alumbradora de panteones, mausoleos y epitafios, en las noches de plenilunio.
Doy inspiración a los pintores y poetas, me cantan las musas y en los paisajes soy alma, por intrínsecos motivos líricos. De noche, en la paz sepulcral de los cementerios, en su macabra escenografía, con mi blanquecina luz, hago semejar a los cipreses, agujas de viejas catedrales góticas. El salón del magnate no ilumino; pero su tumba, sí.
 Soy aliada de Cupido, vosotros bancos solitarios de paseos y jardines, leales confidentes en los atardeceres festivos de….. ¡cuántos idilios amorosos bajo mis pupilas serenas! ¿Habrá para los caminantes, cosa más sublime y emotiva, que una noche estrellada, de luna clara y serena?
Soy prudente y callada de todo cuanto veo y pasa en las madrugadas. Me tratan de melancólica como el Otoño, pero os juro, como satélite que soy, y haciendo honor a mis cuatro fases, de que soy más poética y jovial que éste.
¡Pero esos científicos que tratan de escrutarme! …- me río de ellos – entre cúmulos, les guiño el ojo, me burlo de sus intentos.
                ¡Tristes pigmeos ante la cordillera del Himalaya!
Debéis de ocuparos y orientar vuestras continuas investigaciones; daréis más fruto a la Humanidad; encerrándos  entre blancas paredes de vuestros silenciosos laboratorios tratar por todos medios  de descubrir el antídoto que finalmente cura el cáncer. Librar batalla a campo descubierto para vencer a virus, microbios y bacterias.
Tengo preparado el banquete para aquellos cosmonautas  que sean los primeros que me visiten. Por educación seréis bien recibidos, pero me temo que los manjares preparados para este fin, jamás lleguen a consumirse.
Por ventura, ¿es que pensáis aparcar hacer “camping” y pernoctar en mi morada? Os advierto que “Viajes Meliá” por altas razones meteorológicas y de locomoción, todavía no tienen instaladas sus oficinas de información y propaganda.
No penséis que aquí tengo licores y menos que haya ninguna botella exótica que pueda exhibirse  en el madrileñísimo museo de Perico Chicote
Aquí no penséis encontrar atmósfera, vegetación, ni siquiera musgo, inmensos cráteres y abismos infranqueables  encontrareis por doquier. Si tratáis de llegar aquí, jamás será; os quedareis decepcionados y exhaustos, al encontrar solamente tierra calcinada y sedienta.
¿Influirá Neptuno para que aquí las ánforas de las nubes cabalguen secas?
Me dirijo a vosotras,  Naciones y os agradezco infinito el enorme y cuantioso gasto que hacéis en pruebas y  experimentos para intentar visitarme, pero lo vería en mejor grado, que esa enorme cantidad de dinero que gastáis tan inútilmente fueran invertidos en forma tal que redundara exclusivamente en beneficio de vuestros propios países.
Pero, ¿es que queréis saber más que el  que me dio ser?
 ¡Oh mi Dios Omnipotente! Tu obra no está al alcance de ninguna mente.
                                                                Pablo Segura Badía
París, febrero de 1964

  Nota sobre la Luna
                      Estaba equivocada; una cápsula espacial llamada Apolo XXI estuvo dando vueltas alrededor de mi órbita, y yo recelosa empecé a fruncir mi ceño. Y sin que me pidieran permiso los astronautas Armstrong y Aldrin, en Septiembre de 1969 alunizaron y me hicieron una visita. Pero yo estaba vigilante y desconfiada. Armstrong me plantó una pica que me hizo daño y se llevó unos pedruscos. Durante media hora estuvo pisoteándome mientras yo humildemente me aguantaba y no me quejaba. ¡Cualquiera les dice algo a estos norteamericanos!
Que tranquila me quedé cuando vi que se alejaban. Ellos creían que habían descubierto algo que ya estaba.
                       Y  eso pasó porque Dios quiso que pasara...
Añadido el 25 de febrero de 1970