jueves, 29 de diciembre de 2016

VIDAS TRUNCADAS (Relatos costumbristas de un español en París en los años 1960)



Prólogo
El presente artículo de “Vidas Truncadas” tiene como única finalidad; el de dar un fuerte y certero aldabonazo y señal de alarma; a la confiada juventud, descarriada en los vicios, en los placeres, poniéndoles como viejo ejemplo, serios y profundos pasajes dramáticos, que sirven de freno y consejo para su conversión.
 Así lo desea de todo corazón
                                                                   El Autor
                                               
                                 “VIDAS TRUNCADAS”
El joven que al terminar su carrera, pletórico de optimismo, rebosante de proyectos é ilusiones, ve, de momento con súbito espanto, al alzarse la amenaza inesperada de la muerte; tiene que renunciar al amor para ingresar en un Sanatorio.
Cruel y mortal dolencia, así le obliga su vida desordenada, licenciosa, vida de noche, de cabaret, de desenfreno, que la actual vida moderna, en la constante sucesión de los días; trae consigo, han sido los principalísimos factores, de llevarle cogido de la mano al borde de la fosa.
Cuando en íntima curiosidad  se contempla ante el espejo, y este le refleja la fiel y exacta verdad; entonces observa y medita, se da perfecta cuenta de su triste realidad ve su aspecto cadavérico, sus ojos hundidos, sus pómulos salientes, la nariz afilada, las orejas blancas y transparentes debido a la falta de hemoglobina y glóbulos rojos en su sangre.
 Ante este terrible drama, que se juega; nada menos, que ¡la defensa de su vida! Jura y hace fiel promesa de su enmienda, para el día que el cree cercano que se restablezca, triste ilusión, ¡es ya demasiado tarde!
Y así, con la suave esperanza de su curación, en un claro día de otoño, y en aquella habitación ventilada del Sanatorio, en placidez serena, terminan sus días aquella vida truncada por el vicio y la lujuria, llevándose a la tumba sus proyectos é ilusiones, que él pensaba realizar para un futuro próximo, cayendo todo por tierra como castillo de naipes.
La tuberculosis
Juventud ser más prudentes, vigilad vuestra salud, huir del vicio, pensad que a vuestra edad, es la de las locuras, de las irreflexiones y también ¡jamás olvidarlo! En la que mejor prende la tuberculosis.
Jóvenes ser más amantes de la Naturaleza reflexionad bien: si cada minuto que pasa no ha de volver ¿por qué a vuestra edad malgastáis el tiempo, permaneciendo horas y horas apoltronados en las sillas del café envueltos en una atmósfera viciada y nociva, mientras que allá, lejos, en el campo, sobre el horizonte, cuelga la tarde sus tapices escarlata?
Por otra parte; la madre que ve a su hija en el lecho, en plena juventud, y que ésta en su marcada euforia os habla de amor, de matrimonio, quizá de … maternidad, mientras el médico que la asiste observa el acelerado ritmo de su pulso, y unas casi desapercibidas décimas de fiebre, unido esto a un ligerísimo sudor nocturno, y a una delgadez progresiva, se da perfecta cuenta el médico, de que los días de la enferma están contados, dándole la sensación de que tiene entre sus manos, a un muñeco que se desarticula, que se rompe a veces el médico reniega de su ciencia que no puede salvar. ¡Sombrío realismo!
 La enferma desconoce, que en sus pulmones corroídos por el bacilo de Koch anida la tuberculosis. Su madre más sagaz, llorando a escondidas adivinando su triste fin, piensa, recela, nota en el rostro de su hija, las violáceas ojeras; sus pechos lacios, la mirada vaga, escapándose de entre sus labios, un hilito de casi imperceptible sangre, y una tosecilla débil y apagada que la mayoría de las veces trata de ocultar.
Y así, en completa lucidez, cuando la enferma cree dispar las negruras de su mundo interior; incorporada en su mullido lecho, y con la taza en la mano ó quizá contestando a los que le preguntan de qué si está mejor, sin darse cuenta, sin un estremecimiento, sin una contracción, y con los ojos entreabiertos, y la mirada fija, da el paso definitivo y trágico a la eternidad.
                                                  ¡Bella flor de lirio
                                   
                                                    Del búcaro fue cortada!

La muerte,al hacernos su inevitable y fatal visita,...
 
Así lo ha querido Nuestra Señora de la Muerte, llevándose entre sus garras, una de tantas vidas, que con su guadaña siega en flor. La muerte, al hacernos su inevitable y fatal visita, viene silenciosa, muda, tranquila, no la apercibimos, no nos damos cuenta, viene con zapatillas para que no oigamos sus pasos a veces espera quieta, inmóvil a los pies de la cama acurrucada en su sudario blanco, el momento del estado de coma, en que nos quedamos sumidos, dando sensación, al parecer de entregarnos a un profundo y dilatado sueño.
En ese momento, la mandíbula se relaja, la boca se entreabre, la vista queda fija, ya no hay reflejos, nuestro cerebro quedó vacío sin ideas, han huido los pensamientos como búhos asustados en un huertecito de Cartujo viejo, por el tañido de una campana, muda durante siglos.
Vosotras jóvenes que en vuestros tiernos años, no tenéis todavía experiencia de la vida, ser cometidas y honestas pero … ¡esas salas de fiesta y de dancing! Incubadoras de la inmoralidad, provocadoras del pecado, distanciadas de la virtud, escuela de frivolidad, las que alternáis en ese ambiente, bajo un marco de derroche de luz, sonido, color y una estela de perfume persistente, entre fingidas sonrisas y sorbos de champán, soléis acabar, la mayoría, vuestros últimos días en el Sanatorio ó en el Prostíbulo.
Cómo Conquense que soy, y haciendo fiel honor a mi hospitalaria tierra, mis consejos no pueden ser más nobles y sinceros, para que podáis fortalecer vuestros propios muros débiles, y templarnos cuan fino acero de una espada Toledana.
Y así terminan éstas vidas que yo titulo Truncadas, cortadas prematuramente, sin haber podido recoger, el fruto de la eterna y bella juventud.
 ¡Han pasado los años! Entre alegrías, sorpresas, y sinsabores, y cuando pensamos que nuestras ilusiones han sido arrastradas por huracanado viento hacia la edad madura y senil, y cuando en la cabeza, van echando ceniza sobre nuestros cabellos, y el hombre que al llegar a su vejez, agotado por su trabajo, desamparado a veces, incluso por la misma sociedad, es lógico y natural que sienta profundísimos deseos de evadirse a grandes zancadas de este mundo que tan ingrato le fue.
El viejo que cargado de años a su espalda, lleno de ingratitudes (pues no suelen estar alfombrados los caminos de la vida) y saturados de desengaños, que el mismo comprobó a través de su larga vida, no es de extrañar, que si es rico tienen prisa de que muera, para heredar; y si es pobre les molesta y pesa la carga, encontrándose solo, sin esperanzas, sus ilusiones ya marchitas por los dolores y enfermedades, mire y contemple la tumba, con deseo vivísimo y creciente de caer en ella; la única que con fraternal amor, le redime y le acoge.

 MEDITACIÓN
Permitidme que haya hecho un canto y elogio a la muerte, aunque nadie la queremos, pero es justa y equitativa, humana y sencilla, a nadie engaña, igual penetra en la más humilde y apartada cabaña; que asalta sin protocolo la alcoba regia del Soberano. A todos democratiza, a todos iguala y a nadie perdona pero todos tenemos un algo invisible é inmortal, que es el alma, y el espíritu se eleva ¡te vence!.
En el fugaz, breve y transitorio paso de nuestra vida por el mundo, debemos tener la suficiente resignación cristiana, y la completa satisfacción de habernos portado todo lo mejor posible con nuestros semejantes, socorriendo al pobre que llamó a vuestra puerta, no malgastando en lujos ni caprichos superfluos, mientras otros carecen de los indispensable para la vida, y procurando hacer todos buenas obras, para que así de ésta forma seamos dignos acreedores de la bondad infinita y misericordiosa de nuestro divino Dios.
                                                                             Pablo Segura Badía
París, febrero de 1964
NOTA.-
 Primero publicamos LA REBOTICA (en tres "trozos"),luego LA LUNA HABLA y ahora VIDAS TRUNCADAS, como siempre, en vuestra Revista NOVA DIMENSIÒ-Valencia- España-.

LA LUNA HABLA (Relatos costumbristas de la España de los años 1960)


 Nuestro amigo Fran nos brinda una serie de escritos realizados por su padre, Don Pablo, donde relata de una manera sencilla pero profunda la historia cotidiana y costumbrista de la España de los años mil novecientos sesenta. Unos escritos manuscritos realizados con una letra impecable que con gran cariño (no sin motivo) conserva y que ha querido dar a conocer a través de nuestra Agencia Nuevas Dimensiones como un homenaje a aquellos hombres sencillos y luchadores de una España precaria donde como a tantos otros  le toco vivir. Escritos realizados en Paris, donde tuvo que emigrar, pero desde siempre evoca a "su" España.
Gracias Fran por este bello gesto del que estamos seguros tu padre estará orgulloso pues nos cuenta que  siempre quiso que se publicarasen e incluso llego a enviarlos a los diarios ABC , YA, y Pueblo, en cartas certificadas, que nunca tuvieron respuesta.
Primero publicamos LA REBOTICA (en tres "trozos") y ahora LA LUNA HABLA
Prólogo
La originalidad de mi presente artículo, con ribetes literarios, titulado “La Luna habla” ha surgido, saliendo a la luz y teniendo como fondo, una fina ironía, en completo marinaje con una suave y sutil sátira, contra aquellos que, a mi juicio, les abriga la ilusa fantasía de llegar a lo desconocido.
No me tachéis como enemigo del progreso, ni de retrógrado, mas tampoco creyente de lo que un día predijo Julio Verne con sus fantasmagóricas aventuras.
Yo creo, antes bien, que esto es materia velada, que se quiere saber y profundizar, sin llegar a comprender que es la obra exclusiva del Sumo Hacedor; incapaces los hombres de descifrar y descubrir sus misterios.
                                                               El autor
                                             LA LUNA HABLA
Confieso que soy humilde y modesta; por ser lo no me ruborizo al decir, que si brillo, es por la luz prestada por mi compañero Febo, y que comparada con éste, sé que solo soy un triste farolillo de verbena.

¡Pero qué ingenuos que sois los hombres, que tratáis de conocer mis secretos! Sabéis que rijo con mis des destellos el flujo y reflujo de las mareas en los Océanos, y que, aunque mi vida la hago de noche, soy honesta, púdica, y honrada. Aunque femenina, no soy coqueta, y como discreta, me retiro con las primeras luces del alba.
Mantengo mi cortesía en los eclipses, cediendo el paso a otros astros que, por, momentos breves, en mortecina luz me dejan velada. Soy antorcha y guía nocturna de los navegantes. Alumbradora de panteones, mausoleos y epitafios, en las noches de plenilunio.
Doy inspiración a los pintores y poetas, me cantan las musas y en los paisajes soy alma, por intrínsecos motivos líricos. De noche, en la paz sepulcral de los cementerios, en su macabra escenografía, con mi blanquecina luz, hago semejar a los cipreses, agujas de viejas catedrales góticas. El salón del magnate no ilumino; pero su tumba, sí.
 Soy aliada de Cupido, vosotros bancos solitarios de paseos y jardines, leales confidentes en los atardeceres festivos de….. ¡cuántos idilios amorosos bajo mis pupilas serenas! ¿Habrá para los caminantes, cosa más sublime y emotiva, que una noche estrellada, de luna clara y serena?
Soy prudente y callada de todo cuanto veo y pasa en las madrugadas. Me tratan de melancólica como el Otoño, pero os juro, como satélite que soy, y haciendo honor a mis cuatro fases, de que soy más poética y jovial que éste.
¡Pero esos científicos que tratan de escrutarme! …- me río de ellos – entre cúmulos, les guiño el ojo, me burlo de sus intentos.
                ¡Tristes pigmeos ante la cordillera del Himalaya!
Debéis de ocuparos y orientar vuestras continuas investigaciones; daréis más fruto a la Humanidad; encerrándos  entre blancas paredes de vuestros silenciosos laboratorios tratar por todos medios  de descubrir el antídoto que finalmente cura el cáncer. Librar batalla a campo descubierto para vencer a virus, microbios y bacterias.
Tengo preparado el banquete para aquellos cosmonautas  que sean los primeros que me visiten. Por educación seréis bien recibidos, pero me temo que los manjares preparados para este fin, jamás lleguen a consumirse.
Por ventura, ¿es que pensáis aparcar hacer “camping” y pernoctar en mi morada? Os advierto que “Viajes Meliá” por altas razones meteorológicas y de locomoción, todavía no tienen instaladas sus oficinas de información y propaganda.
No penséis que aquí tengo licores y menos que haya ninguna botella exótica que pueda exhibirse  en el madrileñísimo museo de Perico Chicote
Aquí no penséis encontrar atmósfera, vegetación, ni siquiera musgo, inmensos cráteres y abismos infranqueables  encontrareis por doquier. Si tratáis de llegar aquí, jamás será; os quedareis decepcionados y exhaustos, al encontrar solamente tierra calcinada y sedienta.
¿Influirá Neptuno para que aquí las ánforas de las nubes cabalguen secas?
Me dirijo a vosotras,  Naciones y os agradezco infinito el enorme y cuantioso gasto que hacéis en pruebas y  experimentos para intentar visitarme, pero lo vería en mejor grado, que esa enorme cantidad de dinero que gastáis tan inútilmente fueran invertidos en forma tal que redundara exclusivamente en beneficio de vuestros propios países.
Pero, ¿es que queréis saber más que el  que me dio ser?
 ¡Oh mi Dios Omnipotente! Tu obra no está al alcance de ninguna mente.
                                                                Pablo Segura Badía
París, febrero de 1964

  Nota sobre la Luna
                      Estaba equivocada; una cápsula espacial llamada Apolo XXI estuvo dando vueltas alrededor de mi órbita, y yo recelosa empecé a fruncir mi ceño. Y sin que me pidieran permiso los astronautas Armstrong y Aldrin, en Septiembre de 1969 alunizaron y me hicieron una visita. Pero yo estaba vigilante y desconfiada. Armstrong me plantó una pica que me hizo daño y se llevó unos pedruscos. Durante media hora estuvo pisoteándome mientras yo humildemente me aguantaba y no me quejaba. ¡Cualquiera les dice algo a estos norteamericanos!
Que tranquila me quedé cuando vi que se alejaban. Ellos creían que habían descubierto algo que ya estaba.
                       Y  eso pasó porque Dios quiso que pasara...
Añadido el 25 de febrero de 1970 

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Y 4.- LA REBOTICA (Relatos costumbristas de la España de los años 60)

Recordemos:
... Un día más se reunen en la parte trasera de la farmacia, en la rebotica , sin saber que iba ser la última vez que lo hacían.
Los personajes de las charlas nocturnas de "La REBOTICA" son:
Don Gervasio, el boticario; 
Don Justo, el médico
Don Jeremías, el cura; 
y Don Plácido, el maestro.
LA REBOTICA y 4.
         (Última versión)
       En el aire todavía el eco de las diez campanadas de la noche, dadas en el reloj de nuestro fraternal y conocido pueblecito de Arenas de San Pedro (Ávila) cuando ya penetraban en la “Rebotica” nuestros protagonistas de éstas tertulias.
D. Gervasio, como siempre, con la bondad que le es peculiar y le caracteriza, se dispuso a ofrecerles asiento, el ambiente era francamente reconfortante y acogedor; un fuerte y caldeado brasero, el café a punto de ser servido y en alineación perfecta, las copitas de coñac.

*"La -Rebotica- daba la sensación de tener cierto parecido a una Cartuja" 
Un frío glacial siberiano en el exterior, en contra sentido a la alta temperatura propia del trópico que se disfrutaba en la estancia, hacía que la reunión resultara en extremo grata y amena.

La silenciosa “Rebotica” daba la sensación de tener cierto parecido a una Cartuja, un verdadero remanso de quietud, un oasis de paz, la beatitud en su forma de expresarse, la ancianidad de todos ellos, la completa armonía que reinaba. Resultaba la estancia tan tranquila y sosegada como una tarde abrileña.
*Los yacimientos de petróleo de Burgos
D. Plácido, el maestro, ojeando el periódico “El Diario de Ávila” empezó la charla comentando muy optimista y alegre y un tanto patriótico, los yacimientos de petróleo que recientemente se han encontrado en tierras burgalesas.
Haciendo hincapié de que si la calidad y cantidad responden, no cabe ninguna clase de duda, de que para España esto ha sido un factor primordial é importantísimo para su resurgir económico.
D. Justo, el médico, así creyó las aseveraciones de D. Plácido y digo más: "esto a  mi juicio sera causa de adelantar la entrada en el Mercado Común".
D. Gervasio a todo esto dijo: "como buen español, me alegro infinito de la prosperidad económica que para España significa; pero crean ustedes, que a mi edad y mi enfermedad crónica de la diabetes, se me da ya todo lo mismo, cualquier día, quizá no muy lejano, se encuentren ustedes con un migo y farmacéutico menos".
D. Justo para animarle, le indicó que en el último reconocimiento que le hizo, el sístole y diástole de su corazón, respondían y marchaban mejor que un “Longines”, además, su cerebro coordina ideas, puesto que recuerda, como si ayer fuera, cuando siendo estudiante, clasificaba plantas medicinales en el Instituto de Botánica de Granada, en el pasado siglo.
Y referente a la diabetes, que es lo que más le preocupa; guardando el régimen severo que observa, no merece la pena siquiera acordarse.
D.Gervasio_contestó: "Agradezco a ustedes, esos buenos deseos y ánimos tan optimistas que sobre mi edad y enfermedad me prolijan; pero que sirva la grata reunión de ésta noche, para darles la noticia escueta de mi resolución  que no es otra que al cumplir los 82 años, dejo la farmacia (enjugándose los ojos) que equivale a dejar mi propia vida".
D. Plácido replico: "Caramba no comente más todo eso D. Gervasio que nos entristece a todos, si Dios lo quiere al cumplir sus 82 años, lo celebramos con un banquete, donde el faisán y el caviar, corre por nuestra cuenta, así como también los vinos de Oporto y Montilla. Invitaremos a su buen amigo D. Casto, el cobrador de contribuciones y a D. Cosme registrador de la propiedad; y sin olvidar a su hermano de usted D. Abelardo, médico-forense de Lugo"
 (-Unos golpes fuertes, dados en la ventana de la “Rebotica” corta el diálogo-).

*Reclaman al cura
D. Gervasio rápidamente se asoma, creyendo que sería llamada, para el despacho de alguna receta urgente, no era así, un hombre de mediana edad reclamaba a D. Gervasio, el cura, para administrar los santos óleos a un moribundo.
Acompañado de D. Plácido salieron aligerando el paso entre los  gruesos copos de nieve, semejando mariposas blancas, revoloteaban en el aire. 
Entraron  en la casa,  en la chimenea de ancha campana ardían troncos de leño encima, la familia reunida al amor de la lumbre esperaba al cura, este penetró seguidamente en la habitación, el enfermo agonizaba, el sacerdote cumplió su sagrado ministerio, y salieron  rápidos no querían verse bloqueados por la nieve.
Al salir de la casa, pese a las horas intempestivas y a la crudeza de la noche, en una plazoleta bajo los lánguidos reflejos azulados y mortecinos de una farola de gas, unos mozalbetes con sus entumecidas manos de frío, moldeaban figuras grotescas con la nieve, otros, un poco más allá, se arrojaban mutuamente proyectiles también de nieve con gran algazara, alguno que otro rodó por el suelo y su caída fue festejada con las carcajadas de los demás.
Nosotros, sin detenernos, subiéndonos bien la solapa del abrigo y apretándonos fuertemente la bufanda; reímos también.
                    ¡Oh, juventud divino tesoro!
Cuando llegamos de regreso a la “Rebotica”, parecíase que íbamos enfundados en una casaca de blanco armiño, penetramos, para reaccionar del enorme frío que teníamos y una vez sentados alrededor de la mesa camilla, bajábamos las manos para calentárnoslas con el brasero, a continuación tomamos un café bien caliente; y para acumular más calorías, sustituimos el coñac por el ron.

Jugamos una corta partida de tresillo; la nieve había terminado de caer, lo que aprovechamos para marcharnos.Lo intentamos, empeño inútil, medio metro de nieve nos lo impedía.Como carecíamos de trineos que era lo más apropiado para estos casos; no tuvimos otro remedio que pernoctar aquella noche en la misma “Rebotica”.
Prologándose la reunión, hasta casi bien entrada la madrugada, D. Gervasio en atención y despedida por ser la última charla que en la Rebotica se celebraba; obsequió a sus compañeros y contertulios, con unas pastas y dos botellas de champán.

*La gratitud de don Gervasio 
Los reunidos dieron las gracias muy expresivas a D. Gervasio, por las muestras dadas de bondad, sencillez, y cortesía demostradas a través de las charlas celebradas en su Farmacia.
D. Gervasio, altamente emocionado dijo: "No se merecen tales gracias, ha sido para mí un gran honor y satisfacción el reunirme todas estas noches con ustedes, compañeros de carrera y amigos que les aprecio en lo más íntimo y profundo de mi corazón.Ya casi en el ocaso de nuestra existencia, por nuestra avanzada edad; nos llevaremos al más allá nuestra conciencia bien limpia y tranquila de saber que durante nuestra prolongada vida, que Dios nos ha deparado hemos sabido, en todo momento, cumplir fielmente con nuestros semejantes"
FIN

NOTA.-Un saludo para ustedes muy cariñoso y efusivo del autor; que en su afición literaria, ha puesto de su parte, todo cuanto le ha sido posible para que sus artículos hayan sido del completo agrado de sus queridos lectores, si lo he conseguido; dice darse por plenamente satisfecho.
Muchas gracias
                                          Pablo Segura Badía
París, septiembre de 1964

lunes, 7 de noviembre de 2016

3.- LA REBOTICA (Relatos costumbristas de la España de los años 60 )

Recordemos:
...Don Justo, el médico, cuenta  que en la pensión donde estudiaba en Santiago de Compostela, había una doncella, la hija mayor de la dueña, hermosisima, y ....
Los personajes de las charlas nocturnas de 
"La REBOTICA" son:
Don Gervasio, el boticario; 
Don Justo, el médico
Don Jeremías, el cura; 
y Don Plácido, el maestro.


LA REBOTICA
         (2ª parte y fin de la segunda versión)

D. JUSTO, el médico, continuo explicando su historia : 
-"Yoestaba_completamente enamorado de Beatriz y  por otro lado, mantenía relaciones formales, desde hacía algún tiempo; con la hija de D. Agapito Lafuente, conocido notario de La Coruña. No les quiero decir a ustedes el pugilato de mi corazón. Lo material, puesto que casarme con ella, era para poder instalar una modernísima clínica con Rayos X e instrumental moderno; disponer también de una respetable suma en diferentes Bancos; además de elevar mi nivel social, puesto que estaba considerada como una de entre las mejores casas de abolengo y rango de La Coruña"
"¿Y cómo salió usted D. Justo de ese atolladero?". Dijo D. Gervasio.
-"Escuchen ustedes, mi cerebro estaba para estallar; por él, pasaban las ideas más inverosímiles, por fin  no se me ocurrió otra cosa que fingir un viaje a América con la excusa de ampliar mis estudios.Lo propuse e indicando que la  salida del puerto de Vigo estaba proyectada para la primavera próxima"
"La familia, al enterarse de la trama que yo llevaba; alegaron que esto era una idea sin fundamento,ni base y completamente descabellada; toda vez – dijeron- que yo podía disponer de un buen partido,estableciéndome como médico en un importantísimo pueblo de la Mancha; o sea concretamente en Torralba de Calatrava (Ciudad Real) de donde era nacido D. Agapito, y sin tener yo que meterme en fantásticas y problemáticas aventuras, ni siquiera tener necesidad de atravesar el Atlántico."
Una tirantez  sorda, pero progresiva se fluía dentro de la rica mansión de los señores de Lafuente. Emulando al juego bursátil de la Bolsa, las ilusiones de la "NIÑA" habían bajado cinco enteros.
-"Yo estuve sin aparecer por su casa varias noches, un día, a mi regreso a la pensión, la dueña me entregó un paquete de cartas, en unión de un repujado estuche, que forrado de terciopelo rojo, contenía un valioso y artístico broche, pendientes y pulsera regalo que en no muy lejanas fechas había hecho a mi prometida."
"Aquel desprecio que la novia y sus padres me hicieron que puede considerarse como una completa ruptura amorosa; yo la cogí como una victoria ganada por mi táctica diplomática."
El canto de la sirena de Beatriz con sus atrayentes y melodiosos arrullos; era para mí, una dulce y armoniosa sinfonía de Mozart en extremo pegadiza a mis tímpanos juveniles.
 
Los libros de estudio apenas los miraba; si alguno cogía; no eran leídos más allá de la octava página.

Mi obsesión y delirio se centraba en aquella bella mujer que el destino había puesto en mi camino, y que mi enamorado corazón anhelaba  para esposa."
D. Jeremías, el cura, indico
"Obró usted como un perfecto caballero, cuando los bienes materiales por egoísmo se eligen, la mayoría no suelen ser matrimonios felices, el ejemplo nos lo da la parábola del “rico avariento”.
"Adán y Eva fueron arrojados por Dios del paraíso con el siguiente lema: -Ganarás el pan con el sudor de tu frente-”. Apostillo.
D. Justo, el médico, continuó: 
"Lo de la ruptura prevista fue un hecho, decididamente venció el amor, propuse a la madre de Beatriz mis intenciones matrimoniales con su hija, acertaron, y meses después ya había creado mi hogar, la felicidad era completa, la unión de caracteres influenció de una manera primordial para que nuestra deseada unión fuera venturosa."
 "Posterior residimos dos años en Santiago de Compostela y aunque sea inmodestia decirlo, en reñidísimas oposiciones obtuve el número uno, para cubrir la plaza vacante de médico titular en Arenas de San Pedro (Ávila) y aquí me tiene ustedes, que gracias a Dios puedo decir que me siento completamente feliz…… a medías.
"¿Cómo es eso D. Justo?". Objetó D. Plácido, el maestro.
El médico continuó:
-"Del fruto del matrimonio tuvimos dos varones, el mayor, es en la actualidad Perito Agrónomo en Segovia, el segundo…(nublándose sus ojos de lágrimas) en la guerra última que hemos pasado en una mañana del florido Mayo, en las primeras luces del Alba una bala enemiga segó su vida en los durísimos_combates
desarrollados en la margen derecha del río Jarama;en las puertas de Madrid; le cupo el honor de morir por Dios y por la Patria, ya moribundo, sus últimas palabras fueron, que le dieran   a besar una medallita de la Virgen del Pilar que en el pecho llevaba."
D. Jeremías, el cura; muy discreto y para terminar aquella narración dramática del médico y que a todos afectaba; con la excusa de la abundante y copiosa nevada, que a la sazón caía, finalizaron la charla. Saliendo rápidamente todos, acongojados, cabizbajos y entristecidos de la segunda reunión nocturna de aquella "REBOTICA".
                         París, junio de 1964

viernes, 4 de noviembre de 2016

2.- LA REBOTICA (Relatos costumbristas de la España de los años 60 )

Recordemos:
..."No creo que a estas alturas, sea desconocida para nadie, la estancia tan traída y llevada, a través del tiempo, y en tanta letra impresa, como es “la rebotica” de las farmacias pueblerinas."..
   Los personajes de las charlas nocturnas de la REBOTICA son:
Don Gervasio, el boticario; 
Don Justo, el médico
Don Jeremías, el cura; 
y Don Plácido, el maestro.
 LA REBOTICA
         (1ª parte de la segunda versión)

  Eran las diez menos diez de la noche, en el reloj del conocido pueblo de Arenas de San Pedro (Ávila). D. Gervasio encorvado por el peso de sus años, lentamente se dispuso a cerrar la puerta metálica de la farmacia; un intruso rapaz se coló por el hueco que D. Gervasio dejó sin cerrar, mientras contaba la recaudación del día, pidió una caja de pastillas balsámicas para la tos, una vez despachado, salió ligero como alma que huye al diablo.
 La Clementa, mujer rústica  que desde hace más de 40 años, está al servicio y cuidado de D. Gervasio, pero que de cultura tiene muy poca dosis le dice que la cena está ya preparada en la mesa; el boticario termina de bajar el cierre de la puerta, y se dispone a pasar a la salita de la “Rebotica” para cenar. En un descuido, el gato, un tanto equilibrista, brinca a la mesa, atraído por el olorcillo de unos sesos rebozados que en un plato estaban, y que el ama tuvo la poca precaución de no tapar. Al salto el animal derribó al suelo el bote de bicarbonato, y una botellita de vino quinado que como reconstituyente estaba preparado por D. Gervasio.
   La criada, muy alarmada pide mil escusas y perdones por lo ocurrido; D. Gervasio tan bondadoso como siempre, no le da ninguna importancia; y tan solo le dice que esto no vuelva a ocurrir. En éste mismo momento toca el timbre, la criada con permiso del boticario, franquea la puerta, entran los tres amigos íntimos y contertulios. El boticario, presuroso, se levanta dispuesto a ofrecerles asiento.
 D. Justo el médico dijo: "pero hombre D. Gervasio; no se deshaga en cumplimientos, que nosotros somos todos de la casa. Qué caramba, no se moleste, continúe cenando, que ya nos proveeremos de asiento."
   La cafetera exprés en ebullición, tan sólo esperaba que la desenchufaran de la corriente  para ser servido el café en finas tazas, con dibujos arabescos y que guardadas en un lujoso estuche, las conservaba D. Gervasio, como recuerdo y regalo del día de su boda que le hizo su hermano D. Abundio canónigo de la catedral de Burgos, y que según le oyó referir varias veces, las compró en un viaje que hizo de placer por todo el Oriente Medio, en un “zoco” de antigüedades de Beirut la capital del Líbano, y que las conservaba en gran estima por su origen oriental.
   D. Plácido el maestro pregunta donde guardaron  la noche anterior el dominó que no aparece por ningún sitio; D. Gervasio prefiere la baraja; y aunque hay diversión de opiniones, prevalece esto último. Terminada la partida de tresillo, ganada por D. Jeremías y D. Justo; se disponen a beber unas copas de “Chartreuse” servidas por D, Gervasio, pues la criada llevaba más de dos horas en posición horizontal y cuyos ronquidos, pese a estar cerrada la puerta de la habitación, oíanse  a la perfección en todos los tonos de la escala musical.
   D. Plácido empezó la charla diciéndome que sin ánimo de ofender, ni criticar a nadie; le extrañaba  mucho que D. Aquilino el veterinario se había comprado un coche “Seat” toda vez que la escasa clientela de Arenas de San Pedro, no respondía a los ingresos anuales que pudieran tener.
 D. Jeremías el cura, más enterado dijo, que el hermano del veterinario, un oficinista de un Banco de Ávila; se lo había prestado para cierto tiempo pues no era para otra cosa, nada más que para presumir  y darse importancia; ya que andaba tras de pretender a una joven ricachona de Arévalo; todo esto, dijo D. Jeremías, se lo digo a ustedes en la más estricta confidencia.
 D. Gervasio contestó: "¡albricias como está la juventud hoy en día! ¿Dónde está el pundonor y el orgullo profesional? ¿De la sencillez  y la discreción que se hicieron?"
 En mis lejanos tiempos mozos, el solo hecho de haber pasado por una Universidad sobraba, y era un mérito más que suficiente para que pesara en la balanza del amor; entonces no había casi  automóviles ¿Pero estaría bien que hubiese rondado la puerta de mi novia, con un coche tirado por dos blancos caballos y enjaezados a la antigua usanza?  No; la jactancia y el orgullo sin fundamento, dijo D. Gervasio, dura lo que una rosa cortada con rocío al amanecer.
 D. Justo el médico por su parte demostró que él era el reverso de la medalla; que se casó por puro amor; me flechó cupido en una humilde pensión de un cuarto de piso en Santiago de Compostela.
-"Oigan ustedes"- 
"No es desconocido para nadie que los estudiantes andáramos siempre faltos de dinero y al dos por tres cambiando de patrona; siempre, claro está, que se beneficiara el bolsillo.Un amigo y compañero, me recomendó y acompañó a dicha pensión, el precio no me pareció mal y acepté, trasladé mis maletas y mis libros de texto, y yo tan satisfecho, porque al mismo tiempo distaba a un paso de la Facultad de Medicina. Mi vida la hacía relativamente metódica y tranquila; mis horas de estudio, después de la comida la consabida charla y partida de dominó con los amigos; y algún domingo que otro, marchábamos de excursión a Pontevedra y nos deleitábamos contemplando la belleza que atesora y encierra Galicia, recorriendo las Rías Bajas desde La Toja hasta Villagarcía de Arosa; regresando a la noche a Santiago de Compostela.

   La dueña de la pensión era viuda y tenía dos hijas, que en unión de la madre llevaban y atendían el negocio; éramos cinco los que estábamos estables. El trato era casi familiar, una familia honradísima, educada, y en extremo correcta. Beatriz que así se llamaba la hija mayor. Era una belleza tan deslumbradora; que parecíase un ángel pintado por Velázquez o Murillo, yo entonces finalizaba la carrera de medicina, había terminado Patología General, y únicamente me quedaba un breve cursillo de prácticas en el Hospital del Niño Jesús en Santiago, ya que mi deseo era especializarme en enfermedades propias de la infancia".
  
                                               (continuará)

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Prólogo de "LA REBOTICA" (Relatos costumbristas de la España de los años mil novecientos sesenta)

 Nuestro amigo Fran nos brinda una serie de escritos realizados por su padre, Don Pablo, donde relata de una manera sencilla pero profunda la historia cotidiana y costumbrista de la España de los años mil novecientos sesenta. Unos escritos manuscritos realizados con una letra impecable que con gran cariño (no sin motivo) conserva y que ha querido dar a conocer a través de nuestra Agencia Nuevas Dimensiones como un homenaje a aquellos hombres sencillos y luchadores de una España precaria donde como a tantos otros  le toco vivir. Escritos realizados en Paris, donde tuvo que emigrar.
Gracias Fran por este bello gesto del que estamos seguros tu padre estará orgulloso pues nos cuenta que  siempre quiso que se publicarasen e incluso llego a enviarlos a los diarios ABC , YA, y Pueblo, en cartas certificadas, que nunca tuvieron respuesta.

NOTA.- Al final de cada capitulo insertamos un post de  música  para que pueda leelo con tranquilidad y de una manera amena. Esperamos sea de su agrado. Pinche y lealo, gracias.
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 Presentación:
En esta ilustración del año 1944 mi abuela Paca Badía, conversando con mi padre Pablo Segura
en su casa de Quintanar del Rey (Cuenca). Le estaba aconsejando seguramente de casarse con la buena moza que habían conocido en Valencia durante su viaje de negocios. La dependienta de una Mercería de la calle Bolsería de Valencia, Ana Rodrigo, la que sería dos años más tarde mi madre. Se casaron en Valencia en el año 1945. Al morir mi abuela en 1945 (no pudo ver casar a su hijo) mis padres establecieron residencia en el Barrio de San Juan de Burjasot (Valencia). Montaron un negocio de alimentación y ultramarinos, por aquellos años difíciles 1950-1960, el comercio no funcionó debido a la falta de liquidez de los parroquianos. La mayoría de las ventas eran "fiadas" es decir "Sr. Pablo ya le pagamos el viernes la cuenta" . Mi padre apuntaba las deudas de cada familia sobre un trozo de papel de envoltorio "papel estraza", que los clavaba en un gancho. Casi todos los días salía a intentar cobrar, muchas veces le acompaña, pero todo eran excusas para no pagar.
Mis padres tuvieron que claudicar y dedicarse a otra cosa.Mi madre a la venta de delantales a comisión, delantales casi todos blancos con diseño y encajes para las panaderas, charcuteras y carniceras principalmente. Debía cogía el tren porque tenía asignada un área fuera de Valencia capital; Algemesí, Onteniente, Carcagente, Játiva, Elche, Alcoy, Mogente etc. 
Hubo un tiempo que se dedicó a la venta de colonias, perfumes y productos de belleza a domicilio, tenía su clientela en las casa de campo o alquerías de la huerta valenciana, yo también solía acompañarla algunas veces. Mientras tanto mi padre, más bien dado a los números y al intelecto, sin embargo tenia que trabajar en el campo...iba a la patata, la naranja, la cebolla,... en fin a lo que saliera.
La familia (mis padres y yo) tuvimos que emigrar a Europa como tantos cientos de miles de españoles. Mi tío Vicente Rodrigo, español y republicano, uno de los hombres más bondadosos que he conocido, participó en la contienda español Era un  ex deportado de los campos nazis, que logró sobrevivir, nos acogió en su casa de París, nos ayudó, fue nuestro punto de apoyo para empezar una nueva vida de en París (Francia). Tal vez algún día hable de ello. Pues tengo mucho que contar sobre las conversaciones que mantuve con mi tío Vicente sobre su calvario en el campo nazi de exterminio de Mauthausen (Austria), lo que oía durante sus pesadillas nocturnas agitado y sudado hablaba fuerte reviviendo los tormentos de su cautiverio. Esa es otra historia, en fin dejo el espacio a mi padre aunque  hace años dejó de estar entre nosotros.
                                                                                                 Francisco  Segura         Introducción
En mis varios artículos bajo este mismo título de “La Rebotica” pretendo plasmar en ellos el viejo recuerdo de aquellos tiempos pasados, cuando en franca camaradería; reuníanse en casa del farmacéutico, los intelectuales del pueblo, bajo un ambiente acogedor, sencillo y hogareño formaban aquellas nocturnas charlas; tertulia grata y amena pródiga de nostálgicos recuerdos de tiempos pasados, de épocas lejanas; y que hoy el modernismo actual en todas sus formas ha desterrado por completo. 
 El autor:                                                                                Pablo Segura Badía
Quintanar del Rey (Cuenca)
            Prólogo de "la rebotica" 
No creo que a estas alturas, sea desconocida para nadie, la estancia tan traída y llevada, a través del tiempo, y en tanta letra impresa, como es la “la rebotica” de las farmacias pueblerinas.
   Ya sabemos que es la habitación más familiar del boticario; que está contigua al despacho de farmacia, y que rebosante de periódicos atravesados, de libros polvorientos, y revistas científicas, repartidas en la estancia, sobre estanterías, y no precisamente con mucho orden arregladas; si no esparcidas y distribuidas en abigarrada desidia.
   Otras ilustraciones, son sujetas y oprimidas por los blancos botes de cerámica, que ya conocemos y que los hemos visto muchas veces, en las antiguas farmacias y que rotulados con letras doradas, contienen, entre otros varios: Raíz de Ruibarbo, Extracto de Árnica, Sulfato de Bismuto, Bromuro de Alcanfor, y el Salicilato de Metilo.
   Ya leeremos más adelante, en el presente artículo, las impresiones que comentan en su nocturna charla, Don Gervasio el boticario, Don Justo el médico, Don Jeremías el cura, y Don Plácido el maestro.
   Empecemos diciendo, que las farmacias hoy en día, más modernizadas, y al compás del ritmo del progreso, van desterrando el clásico mortero, y la basculita centesimal, que era protegida por una caja estuche de madera y tapa de cristal, para evitar que el polvo entorpeciera la exactitud de las pesadas, que dosifican los medicamentos.
   Las lujosas farmacias actuales, ampliamente reformadas, dan la sensación de ser más comerciales que científicas, vemos todos los productos y específicos, la mayoría enfrascados, todo ya compuesto; nos alejamos ya de aquellos tiempos remotos que veíamos al boticario preparar las fórmulas de los medicamentos, sobre el mortero de cristal; o bien haciendo sobre la piedra de mármol, las célebres y esféricas píldoras. Don Gervasio siendo octogenario y reumático, con su blanco batín impregnado de un fuerte olor a éter y yodoformo arrastraba sus pesados pies buscando de estantería en estantería el medicamento para hacer la composición de la receta.
 Hasta cierto punto, es de admirar la labor anónima y callada de estos hombres de ciencia, entregados por entero, a su monástica esclavitud, debido a su profesión, y también a su gran responsabilidad moral, pues la involuntaria equivocación de un medicamento; o la excesiva dosis de él; mal calculada, serían para el paciente, de funestas consecuencias.
 A estos señores, que consagran su vida, en aras de su profesión; vaya por delante, mi más reconocido respeto; y mi más alta estimación.
                                                                El autor
                                                                                          Pablo Segura Badía