Recordemos:
Don Gervasio, el boticario;
Don Justo, el médico;
Don Jeremías, el cura;
y Don Plácido, el maestro.
LA REBOTICA y 4.
Pablo Segura Badía
... Un día más se reunen en la parte trasera de la farmacia, en la rebotica , sin saber que iba ser la última vez que lo hacían.
Los personajes de las charlas nocturnas de "La REBOTICA" son:Don Gervasio, el boticario;
Don Justo, el médico;
Don Jeremías, el cura;
y Don Plácido, el maestro.
LA REBOTICA y 4.
(Última versión)
En el
aire todavía el eco de las diez campanadas de la noche, dadas en el reloj de
nuestro fraternal y conocido pueblecito de Arenas de San Pedro (Ávila) cuando
ya penetraban en la “Rebotica” nuestros protagonistas de éstas tertulias.
D. Gervasio, como siempre, con la bondad que le es
peculiar y le caracteriza, se dispuso a ofrecerles asiento, el ambiente era
francamente reconfortante y acogedor; un fuerte y caldeado brasero, el café a
punto de ser servido y en alineación perfecta, las copitas de coñac.
*"La -Rebotica- daba la sensación de tener cierto parecido a una Cartuja"
*"La -Rebotica- daba la sensación de tener cierto parecido a una Cartuja"
Un frío glacial siberiano en el exterior, en contra
sentido a la alta temperatura propia del trópico que se disfrutaba en la
estancia, hacía que la reunión resultara en extremo grata y amena.
La silenciosa “Rebotica” daba la sensación de tener
cierto parecido a una Cartuja, un verdadero remanso de quietud, un oasis de
paz, la beatitud en su forma de expresarse, la ancianidad de todos ellos, la
completa armonía que reinaba. Resultaba la estancia tan tranquila y sosegada
como una tarde abrileña.
*Los yacimientos de petróleo de Burgos
*Los yacimientos de petróleo de Burgos
D. Plácido, el maestro, ojeando el periódico “El Diario de Ávila” empezó la charla
comentando muy optimista y alegre y un tanto patriótico, los yacimientos de
petróleo que recientemente se han encontrado en tierras burgalesas.
Haciendo hincapié de que si la calidad y cantidad
responden, no cabe ninguna clase de duda, de que para España esto ha sido un
factor primordial é importantísimo para su resurgir económico.
D. Justo, el médico, así creyó las aseveraciones de
D. Plácido y digo más: "esto a mi juicio sera causa de adelantar la entrada
en el Mercado Común".
D. Gervasio a todo esto dijo: "como buen español, me alegro infinito de la prosperidad económica que para España significa;
pero crean ustedes, que a mi edad y mi enfermedad crónica de la diabetes, se me
da ya todo lo mismo, cualquier día, quizá no muy lejano, se encuentren ustedes
con un migo y farmacéutico menos".
D. Justo para animarle, le indicó que en el último
reconocimiento que le hizo, el sístole y diástole de su corazón, respondían y
marchaban mejor que un “Longines”,
además, su cerebro coordina ideas, puesto que recuerda, como si ayer fuera,
cuando siendo estudiante, clasificaba plantas medicinales en el Instituto de
Botánica de Granada, en el pasado siglo.
Y referente a la diabetes, que es lo que más le
preocupa; guardando el régimen severo que observa, no merece la pena
siquiera acordarse.
D.Gervasio_contestó: "Agradezco a ustedes, esos
buenos deseos y ánimos tan optimistas que sobre mi edad y enfermedad me prolijan; pero
que sirva la grata reunión de ésta noche, para darles la noticia escueta de mi
resolución que no es otra que al cumplir
los 82 años, dejo la farmacia (enjugándose los ojos) que equivale a dejar mi
propia vida".
D. Plácido replico: "Caramba no comente más todo eso D.
Gervasio que nos entristece a todos, si Dios lo quiere al cumplir sus 82 años,
lo celebramos con un banquete, donde el faisán y el caviar, corre por nuestra
cuenta, así como también los vinos de Oporto y Montilla. Invitaremos a su buen
amigo D. Casto, el cobrador de contribuciones y a D. Cosme registrador de la
propiedad; y sin olvidar a su hermano de usted D. Abelardo, médico-forense de
Lugo"
(-Unos golpes fuertes, dados en la ventana de la “Rebotica” corta el diálogo-).
*Reclaman al cura
(-Unos golpes fuertes, dados en la ventana de la “Rebotica” corta el diálogo-).
*Reclaman al cura
D. Gervasio rápidamente se asoma, creyendo que sería
llamada, para el despacho de alguna receta urgente, no era así, un hombre de
mediana edad reclamaba a D. Gervasio, el cura, para administrar los santos óleos
a un moribundo.
Acompañado de D. Plácido salieron aligerando el
paso entre los gruesos copos de nieve, semejando mariposas blancas, revoloteaban en el
aire.
Entraron en la casa, en la chimenea de ancha campana ardían troncos de leño encima, la familia reunida al amor de la lumbre esperaba al cura, este penetró seguidamente en la habitación, el enfermo agonizaba, el sacerdote cumplió su sagrado ministerio, y salieron rápidos no querían verse bloqueados por la nieve.
Entraron en la casa, en la chimenea de ancha campana ardían troncos de leño encima, la familia reunida al amor de la lumbre esperaba al cura, este penetró seguidamente en la habitación, el enfermo agonizaba, el sacerdote cumplió su sagrado ministerio, y salieron rápidos no querían verse bloqueados por la nieve.
Al salir de la casa, pese a las horas intempestivas
y a la crudeza de la noche, en una plazoleta bajo los lánguidos reflejos
azulados y mortecinos de una farola de gas, unos mozalbetes con sus entumecidas
manos de frío, moldeaban figuras grotescas con la nieve, otros, un poco más
allá, se arrojaban mutuamente proyectiles también de nieve con gran algazara,
alguno que otro rodó por el suelo y su caída fue festejada con las carcajadas
de los demás.
Nosotros, sin detenernos, subiéndonos bien la solapa
del abrigo y apretándonos fuertemente la bufanda; reímos también.
¡Oh, juventud divino tesoro!
Cuando llegamos de regreso a la “Rebotica”,
parecíase que íbamos enfundados en una casaca de blanco armiño, penetramos,
para reaccionar del enorme frío que teníamos y una vez sentados alrededor de la
mesa camilla, bajábamos las manos para calentárnoslas con el brasero, a
continuación tomamos un café bien caliente; y para acumular más calorías,
sustituimos el coñac por el ron.
Jugamos una corta partida de tresillo; la nieve había terminado de caer, lo que aprovechamos para marcharnos.Lo intentamos, empeño inútil, medio metro de nieve nos lo impedía.Como carecíamos de trineos que era lo más apropiado para estos casos; no tuvimos otro remedio que pernoctar aquella noche en la misma “Rebotica”.
Jugamos una corta partida de tresillo; la nieve había terminado de caer, lo que aprovechamos para marcharnos.Lo intentamos, empeño inútil, medio metro de nieve nos lo impedía.Como carecíamos de trineos que era lo más apropiado para estos casos; no tuvimos otro remedio que pernoctar aquella noche en la misma “Rebotica”.
Prologándose la reunión, hasta casi bien entrada la
madrugada, D. Gervasio en atención y despedida por ser la última charla que en
la Rebotica se celebraba; obsequió a sus compañeros y contertulios, con unas
pastas y dos botellas de champán.
*La gratitud de don Gervasio
*La gratitud de don Gervasio
Los reunidos dieron las gracias muy expresivas a D.
Gervasio, por las muestras dadas de bondad, sencillez, y cortesía demostradas a
través de las charlas celebradas en su Farmacia.
D. Gervasio, altamente emocionado dijo: "No se
merecen tales gracias, ha sido para mí un gran honor y satisfacción el reunirme
todas estas noches con ustedes, compañeros de carrera y amigos que les aprecio
en lo más íntimo y profundo de mi corazón.Ya casi en el ocaso de nuestra existencia, por
nuestra avanzada edad; nos llevaremos al más allá nuestra conciencia bien
limpia y tranquila de saber que durante nuestra prolongada vida, que Dios nos
ha deparado hemos sabido, en todo momento, cumplir fielmente con nuestros
semejantes"
FIN
FIN
NOTA.-Un saludo para ustedes muy cariñoso y efusivo del
autor; que en su afición literaria, ha puesto de su parte, todo cuanto le ha
sido posible para que sus artículos hayan sido del completo agrado de sus
queridos lectores, si lo he conseguido; dice darse por plenamente satisfecho.
Muchas gracias
París, septiembre de 1964


